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Iatrogenia

Cuando sufrimos una lesión o algún tipo de dolor, además del proceso fisiológico mencionado anteriormente, se produce un proceso evaluativo. Parte de este proceso evaluativo es consciente: ¿Qué me pasa? ¿Será grave?… pero la mayor parte del proceso se da de forma inconsciente.

Como ya hemos dicho, para la construcción o la eliminación de la percepción de dolor, el cerebro recurre a la información percibida. Y parte de esta información es suministrada por los profesionales de la salud.

Imagina que estas entrenando en el gimnasio, y de forma repentina comienza a dolerte la zona lumbar. Acudes a tu médico y, tras valorarte, te da 2 posibles diagnósticos:

  1. “Tienes una hernia de disco, tu columna está muy gastada y es normal que te duela. Debes evitar agacharte y coger peso, si sigues haciendo ejercicio te quedarás en silla de ruedas”.
  2. “No tienes nada grave, la zona se ha irritado un poco por el exceso de actividad, pero no debes preocuparte. Sigue moviéndote con normalidad y en unos días estarás perfectamente”.

Desgraciadamente, el caso 1 se da con mayor frecuencia; y lo cierto es que el caso 2 es el que ocurre la mayoría de las veces. A pesar de eso, ¿crees que tu comportamiento al salir de la consulta será el mismo en ambos casos? Rotundamente no.

En el caso 1, además de salir con preocupación y tristeza de la consulta, tu cerebro pondrá en marcha mecanismos de protección (hipersensibilidad de los nervios, aumento del tono muscular, etc.), y comenzarás a generar conductas de miedo-evitación que te llevarán a:

  • Catastrofismo: tendencia a ponerse en lo peor y preocuparse excesivamente.
  • Kinesiofobia: desarrollar miedo al movimiento, lo que producirá más dolor.
  • Hipervigilancia: estado de excesivo autoanálisis en busca de posibles peligros, dando excesiva importancia a la mínima sensación que se perciba.
  • Rumiación: evaluación cognitiva de la situación de forma repetitiva, no siendo capaz de prestar atención a otras tareas. El único tema de pensamiento es: mi dolor, mi lesión, mi problema…

Todos estos factores son determinantes en la producción del dolor crónico. Por tanto, el caso 1es un ejemplo de iatrogenia:

“Actos negativos o daños derivados de la acción de un profesional de la salud”.

Una de las causas más comunes de dolor crónico es el dolor agudo mal curado. La gran parte de estos casos son debidos a la iatrogenia. Recuerda que el profesional que basa sus explicaciones simplemente en un modelo biomecánico se arriesga a ser parte del problema.

Son muchos los estudios que muestran que el lenguaje que utilizan los profesionales puede tener un impacto negativo en el dolor, y las propias expectativas del paciente pueden influir en el aumento o disminución del dolor.

Todo esto sin mencionar que, en el caso 1, la persona dejaría de hacer deporte y participar en la vida social, lo que además produciría un desacondicionamiento físico y, por lo tanto, mayor percepción (física y mental) de fragilidad.

¿Crees que en el caso 2 habría tenido el mismo desenlace? De nuevo, rotundamente, no.

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