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Fisiología Básica

Hemos hablado de la relación que tiene el dolor con diversos factores, como las emociones o el aprendizaje, y la falta de relación con el daño físico; pero para entender que es el dolor tenemos que entender cómo funciona este “sistema de alerta”.

El sistema nervioso está compuesto por células especializadas denominadas “neuronas”. Estas neuronas transmiten información en forma de electricidad, y van desde los tejidos a la médula, donde la información será modulada antes de enviarla a la “oficina central”: el cerebro.

Cuando se produce un daño se liberan sustancias que activan las neuronas especializadas (nociceptivas), enviando la información de PELIGRO hacia la médula, donde se pondrá en marcha un proceso de sensibilización para recordarnos que esa zona está dañada y debemos protegerla. Pero si el daño/peligro es excesivo, el cerebro toma el control de la situación produciendo una Sensibilización Central, que no es más que una sensibilización amplificada y extendida más allá de la zona de lesión.

En este punto, los nervios se encuentran en un estado de excesiva “excitabilidad” y se activan con demasiada facilidad. Esto es algo físico, medible y observable; por lo que el dolor excesivo NO está “sólo en la cabeza”.

Además, ciertas hormonas como el cortisol, juegan un papel fundamental en este proceso. En situaciones de estrés agudo, la producción de adrenalina y cortisol colaboran en la respuesta de lucha-huida (recuerda: “analgesia inducida por estrés). Sin embargo, si la producción de cortisol se mantiene en el tiempo, puede producir las condiciones idóneas para la aparición de dolor crónico.

Aunque esta sensibilización de los nervios pueda parecer algo catastrófico, este proceso ocurre con mucha frecuencia, en cualquier persona sana tras algún tipo de lesión o enfermedad, pero la zona vuelve a su sensibilidad normal una vez la lesión o la enfermedad se haya solucionado.

Sin embargo, algunas veces esto no ocurre, y la sensibilización se perpetúa en el tiempo… ¿Por qué ocurre esto? Este proceso es totalmente fisiológico y natural, y está mediado por multitud de factores (como ya se ha hablado). El cerebro recurre a experiencias previas y a la información disponible (aprendizaje, cultura, contexto…) para hacer una evaluación de la situación. Es por esto que, a pesar de que el proceso de curación haya concluido, si el cerebro sigue valorando que estamos en peligro, mantendrá activa la sensibilización central produciendo progresivamente un empeoramiento de los síntomas. Esto es debido a la neuroplasticidad, hablada anteriormente.

Debemos recordar que, a pesar de que existe un proceso fisiológico relacionado con la percepción de dolor; es el cerebro quien, en última instancia, “construye” esta percepción (realmente construye todas las que percibimos) y, según su evaluación de la situación con toda la información disponible (tanto interna como externa), es el que tiene la decisión final de mantener o eliminar la percepción.

De esta forma, una lesión sin importancia puede transformarse en un dolor persistente e incapacitante. Algunos de los culpables más importantes en esta respuesta exagerada y mantenida son la iatrogenia y las creencias personales, marcadas por la cultura.

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