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Modelo Biopsicosocial

Hasta no hace mucho (y aún perdura en muchos lugares), el modelo que gobernaba el abordaje del paciente con dolor era el modelo biomédico, el cual se centra únicamente en la estructura sin tener en cuenta la individualidad del sujeto y las influencias de su entorno, observando a éste como si de una máquina se tratase.

El modelo más aceptado actualmente por la ciencia es el modelo biopsicosocial, el cual defiende que el sujeto es una interrelación entre la estructura, sus pensamientos y creencias, y las influencias que el entorno y la cultura causan sobre él.

El modelo biomédico considera dos tipos de dolor: uno orgánico, relacionado con el daño y, por lo tanto, real; y otro psicológico, el cual no se relaciona con lesiones y, por lo tanto es imaginario.

El dolor psicológico o imaginario no existe. Podríamos decir que el dolor psicológico es el causado por una pérdida o un sufrimiento emocional (abandono, muerte de un familiar, etc.), donde sufrimos, tenemos dolor, pero no se manifiesta en ninguna parte del cuerpo como “sensitivo”. Sin embargo, nos duele, estamos sufriendo. Pero el dolor físico siempre es REAL, aunque no haya ningún daño físico que lo justifique. Simplemente que la respuesta dolorosa es muy compleja e intervienen muchos factores, no solo el daño físico.

Muchos estudios han demostrado la falta de correlación entre síntomas y daños físicos, llegándose a observar qué ocurre en el cerebro de estas personas con dolor persistente “sin causa física” aparente.

En en un estudio realizado en 2009 se observó las diferencias en la actividad cerebral de pacientes sanos (sin dolor) y pacientes diagnosticados de fibromialgia (con dolor persistente), al aplicar un estímulo doloroso (una presión de 9 kg en el dedo pulgar). En la siguiente imagen podemos ver cómo, en las personas sanas, sólo se “iluminaba” una mínima parte del cerebro, la correspondiente al dedo pulgar.

Sin embargo, cuando aplicaron el mismo estímulo a una persona diagnosticada de fibromialgia se observó que se iluminaban múltiples zonas cerebrales, incluso aquellas que no tenían relación con áreas sensitivas.

Por tanto, podemos afirmar con total certeza que el dolor que experimentan estos pacientes ES REAL y el problema no está en el daño físico o en el estímulo aplicado, sino más bien en como el cerebro procesa la información y responde en consecuencia.

Como ya hemos dicho anteriormente, el dolor no sólo vendrá dado por la relación entre el estímulo y daño recibido, sino que la respuesta final (el dolor) será el resultado de multitud de factores, como por ejemplo la plasticidad neuronal.

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