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Definiciones de Dolor

Según Merskey & Bodguk (1994), el dolor se define como:

“Experiencia desagradable sensitiva y emocional asociada a un daño real o potencial de los tejidos o descrita en términos de dicho daño”.

Aunque tiene más de 20 años, esta definición ya recoge algunos aspectos importantes, como son el componente emocional asociado al procesamiento de cualquier tipo de dolor, o la posibilidad de su aparición por un daño potencial, es decir, sin que se haya producido dicho daño. Sin embargo, la definición que acuñaron a “dolor crónico” no es tan acertada:

“Aquel dolor que persiste más allá de su tiempo normal de curación. La línea divisoria entre dolor agudo y crónico son los 3 meses, aunque con propósitos investigadores se prefiere un periodo de 6 meses”.

Esta definición está obsoleta y deberíamos abandonarla por 2 razones:

  1. Como señala Arturo Such, “el factor tiempo es insuficiente para denominar a un dolor como crónico”; ya que se ha observado que, pacientes con tendinopatía de 15 años de evolución, aún siguen teniendo dolor relacionado con la carga (por ejemplo, correr) y, por lo tanto, si ese estímulo no se da, no se produce el dolor. Esto no debería denominarse dolor crónico, ya que una de sus características principales es su ausencia de relación con estímulos y su impredecibilidad, y en este caso sigue siendo una respuesta directa a una actividad concreta (correr).
  2. A medida que el dolor persiste, la actividad cerebral pasa de localizarse en regiones somatosensoriales (regiones cerebrales relacionadas con el cuerpo) a áreas fundamentalmente emocionales. Esto significa que, en dolor crónico, hay alteraciones cerebrales relacionada con procesos cognitivos (creencias, estado de ánimo, pensamientos, etc.).

Por estas razones, deberíamos comenzar por reconceptualizar el significado de “dolor crónico”, y para ello sería más adecuada la  definición de Chapman & Nakamura (1999):

“El dolor crónico es aquel que presenta un carácter intenso, que se mantiene en el tiempo alterando la vida del individuo, que deja de tener una función biológica y que, por el contrario, deteriora la salud y las capacidades funcionales, convirtiéndose en fuente de sufrimiento y de discapacidad”

El dolor crónico ha dejado de ser un síntoma para convertirse en la enfermedad, y deteriora la calidad de vida del paciente en lugar de protegerle. Por lo tanto, el dolor crónico no es solo un dolor que persiste en el tiempo, sino que afecta a múltiples niveles involucrando muchas áreas cerebrales, no solo las sensitivas, sino también las emocionales. Es por este motivo que Rafa Torres sugiere cambiar el término “dolor crónico” por “dolor complejo”.

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